Irán logra poner en jaque a la industria marítima y al mercado energético tras ataque a infraestructura clave en Catar

Además, el parlamento iraní espera cobrar peajes a cambio de la seguridad de los buques que transiten a través de Ormuz.

El transporte marítimo global enfrenta una de sus mayores disrupciones en décadas como consecuencia directa de la guerra en Medio Oriente, con efectos que se extienden desde el Estrecho de Ormuz hasta los mercados energéticos y las cadenas logísticas internacionales.

El tránsito por el Estrecho de Ormuz —arteria por donde fluye cerca de un cuarto del comercio marítimo mundial de petróleo— se mantiene prácticamente paralizado. Irán, que controla la ribera norte del paso, “lo ha cerrado efectivamente a todos salvo a los buques aprobados”, generando un colapso en los flujos de crudo y gas. A ello se suman ataques esporádicos a naves, interferencias en sistemas de navegación GPS y negociaciones caso a caso para permitir tránsitos, configurando un entorno de alta incertidumbre operativa.

La disrupción no solo es marítima, sino que representa una crisis estructural para el sistema energético global. De hecho, los ataques a infraestructura crítica han marcado un punto de inflexión. El impacto más severo se produjo tras el ataque iraní a Ras Laffan, el mayor complejo de gas natural licuado del mundo en Catar, que podría reducir en torno a un 17% las exportaciones del país durante varios años.

“Estamos bien encaminados hacia un escenario de crisis del gas de proporciones catastróficas”, advirtió el analista Saul Kavonic, según Reuters, subrayando que las consecuencias podrían extenderse incluso después del fin del conflicto. El efecto inmediato ha sido una fuerte alza en los precios del gas: en Europa llegó a subir hasta un 35% y el petróleo hasta un 10% en una sola jornada.

El cierre de Facto del Estrecho de Ormuz y el estrangulamiento del flujo energético también repercute directamente en el transporte marítimo, especialmente a través del costo del búnker. Según datos del mercado, el precio promedio del VLSFO se mantiene sobre los 1.000 dólares por tonelada, mientras el Brent ha escalado a niveles cercanos a los 114 dólares por barril, cifras comparables con periodos de alta tensión histórica.

Ante este escenario, las líneas navieras comienzan a trasladar costos a sus clientes. Como ejemplo, MSC duplicó su recargo de emergencia por combustible entre Europa y el Lejano Oriente, mientras CMA CGM anunció incrementos significativos en recargos de temporada alta en diversas rutas. Además, se anticipa un alza generalizada en tarifas intermodales vinculadas al combustible.

En paralelo, el conflicto está provocando movimientos estratégicos en la industria, destacando entre ellos, la decisión de MSC de ingresar con fuerza al mercado de transporte de crudo mediante la adquisición de una participación en Sinokor, lo que le daría control conjunto sobre cerca del 25% de la flota mundial de buques VLCC. “Dado el desarrollo actual en los mercados petroleros, este movimiento resulta extraordinariamente oportuno”, señaló el analista de la industria marítima Lars Jensen, apuntando a una diversificación que responde directamente a la volatilidad energética.

Por su parte, Estados Unidos ha adoptado medidas extraordinarias para asegurar su abastecimiento interno. El gobierno decidió suspender por 60 días la Ley Jones, permitiendo mayor flexibilidad en el transporte de combustibles dentro del país. “Es un desarrollo muy inusual y envía una señal a las navieras de que la protección regulatoria no puede darse por sentada”, explicó Jensen, en referencia al impacto potencial sobre la política marítima estadounidense.

Mientras tanto, Irán evalúa nuevas formas de ejercer control sobre el tránsito marítimo. Entre ellas, la posible imposición de peajes a los buques que intenten cruzar el Estrecho de Ormuz bajo condiciones de seguridad, lo que podría generar que las navieras que acepten pagar dicho cobro queden expuestas a infringir sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos, así como eventuales restricciones de la Unión Europea, dependiendo de cómo se estructuren esos pagos.

En la práctica, lo anterior implicaría que una decisión operativa —asegurar el tránsito de un buque— podría traducirse en sanciones financieras, bloqueos comerciales o pérdida de acceso a mercados clave, obligando a los armadores a equilibrar riesgos de seguridad, cumplimiento normativo y continuidad del negocio en un entorno ya altamente inestable.

En conjunto, la guerra ha dejado de ser un factor geopolítico acotado para convertirse en un elemento disruptivo del transporte marítimo global. Como señaló a Reuters la estratega Charu Chanana, “ya no se trata solo de titulares militares o del cierre del Estrecho de Ormuz; ahora está afectando la base misma del sistema energético global”, elevando los riesgos de estanflación (aumento de la inflación, caída del crecimiento y aumento del desempleo) y obligando a toda la industria a adaptarse a un entorno de alta volatilidad e incertidumbre prolongada.

Fuente: https://www.mundomaritimo.cl/noticias/iran-logra-poner-en-jaque-a-la-industria-maritima-y-al-mercado-energetico-tras-ataque-a-infraestructura-clave-en-catar