
La Persian Gulf Strait Authority busca administrar permisos de tránsito por uno de los pasos energéticos más sensibles del mundo, en medio de reportes sobre posibles peajes, seguros alternativos y fuerte rechazo de EE.UU.
Irán formalizó la creación de la Persian Gulf Strait Authority (PGSA), una nueva entidad con la que busca definir su jurisdicción regulatoria sobre el Estrecho de Ormuz, uno de los puntos marítimos más estratégicos del comercio mundial. La medida agrega una nueva capa de incertidumbre para navieras, cargadores, aseguradoras y operadores energéticos que dependen del tránsito por esta vía.

La autoridad fue presentada como un mecanismo para gestionar información, autorizaciones y operaciones relacionadas con el paso de buques por el estrecho. Según reportes internacionales, el sistema permitiría a capitanes y operadores solicitar permisos de tránsito directamente a estructuras vinculadas al aparato de seguridad iraní, incluyendo datos detallados sobre la nave, carga, bandera, propietario, operador y sentido del viaje.

El movimiento marca un cambio relevante en la estrategia de Teherán. Hasta ahora, el control iraní sobre Ormuz se expresaba principalmente a través de presencia militar, inspecciones, advertencias y restricciones operativas. Con la PGSA, Irán intenta transformar ese control de facto en una arquitectura administrativa propia, con formularios, procedimientos, monitoreo y eventuales condiciones para el paso marítimo.

La medida se produce en un contexto de alta tensión en el Golfo Pérsico, donde el tránsito por Ormuz se ha visto afectado por la guerra en Irán, el endurecimiento de sanciones y el temor a nuevas interrupciones. El estrecho es una arteria crítica para el comercio energético global, ya que por sus aguas circula una parte significativa del petróleo y gas natural licuado que abastece especialmente a los mercados asiáticos.

Uno de los puntos más sensibles es la posibilidad de que la nueva autoridad funcione también como base para implementar cobros o peajes de tránsito. Medios marítimos han reportado que Irán evalúa mecanismos de pago asociados al paso por Ormuz, incluso mediante monedas alternativas o criptomonedas, lo que abre fuertes dudas legales y financieras para las empresas internacionales.
EEUU rechazó de plano cualquier sistema de peajes o cobros impuesto por Irán sobre el estrecho. Washington sostiene que una medida de ese tipo afectaría la libertad de navegación y aumentaría los riesgos para una salida diplomática a la crisis. Para las navieras, el problema es doble: aceptar un sistema iraní podría exponerlas a sanciones; rechazarlo podría limitar su capacidad de operar en una ruta crítica.
El impacto práctico puede ir mucho más allá del petróleo. Un mayor control sobre Ormuz puede traducirse en demoras, congestión, aumento de primas de seguro, recargos de riesgo, costos adicionales de combustible y cambios en la planificación de rutas. Estos efectos pueden transmitirse hacia cadenas logísticas de energía, químicos, fertilizantes, manufacturas y carga contenedorizada.
La creación de la PGSA también refuerza una tendencia más amplia: los grandes cuellos de botella marítimos se están convirtiendo en instrumentos de presión geopolítica. Ormuz, al igual que el Mar Rojo, el Canal de Suez o el Canal de Panamá en otros contextos, demuestra que la logística global depende cada vez más de la estabilidad política de unos pocos pasos estratégicos.
Fuente: https://mascontainer.com/persian-gulf-strait-authority-iran-crea-autoridad-para-controlar-ormuz-y-aumenta-la-presion/